Cómo distribuir las mesas de una boda

El seating plan sin dramas: cuándo hacerlo, en qué orden y qué hacer con los casos difíciles.

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Repartir a los invitados en las mesas tiene fama de ser lo peor de organizar una boda. En realidad es un rompecabezas con pocas reglas, y casi todo el sufrimiento viene de empezarlo demasiado pronto o sin orden. Esta es la forma de hacerlo una sola vez.

Cuándo hacerlo

Podéis hacer un primer boceto un par de meses antes para ver cómo encajan los grupos, pero el plano de verdad se hace con las confirmaciones cerradas. Cada «al final no venimos» o «¿puedo llevar a mi novio?» mueve una silla, y a veces una mesa entera. Preguntad al sitio cuándo necesitan el plano definitivo y dejadlo para esa última semana o dos.

Cuántos por mesa

Lo habitual en los salones son mesas redondas de 8 a 12 personas, pero depende del tamaño de las mesas de cada sitio: preguntad cuántos caben cómodos (no apretados) y si se pueden mezclar tamaños. Con ese dato y vuestra cifra de invitados, la calculadora de mesas os dice cuántas necesitáis, contando la presidencial y la de los niños.

El orden que funciona

  1. La mesa presidencial. Decidid primero quién se sienta con vosotros: los padres, los padrinos, los testigos o nadie (cada vez más parejas se sientan solas, o con sus amigos). Es la decisión que más mueve todo lo demás.
  2. Las familias. Abuelos, tíos, primos. Los mayores, cerca de la presidencial y lejos de los altavoces; y fácil llegar al baño.
  3. Los grupos de amigos. Los del colegio, los de la universidad, los del trabajo: cada grupo en su mesa, o en mesas vecinas si es grande.
  4. Los sueltos. Quien no encaja en ningún grupo, sentado con gente de su edad o con intereses en común, y nunca solo en una mesa de desconocidos que se conocen entre sí.
  5. Los niños. Una mesa propia funciona a partir de cierta edad y si hay alguien que los vigile; los pequeños, con sus padres.

Los casos difíciles

  • Padres separados. Si no se llevan bien, no los obliguéis a compartir mesa: cada uno puede presidir una mesa con su familia, cerca de la vuestra.
  • Gente que no se habla. En mesas alejadas, y que ninguna quede peor situada que la otra.
  • Acompañantes que no conocen a nadie. Siempre al lado de quien les ha traído.
  • La mesa que no cuadra. Si sobran dos personas, mejor dos mesas un poco más llenas que una mesa de dos.

Antes de darlo por cerrado

Pasad por la lista de invitados una última vez y comprobad que nadie se ha quedado sin silla. Mandad al catering las alergias y los menús especiales por mesa, no solo el total: así el camarero sabe a quién llevarle cada plato. Y preparad el cartel o el seating plan de la entrada con los nombres ordenados por apellido o por mesa, lo que sea más fácil de encontrar con prisa.

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